lunes, 26 de septiembre de 2022

La Luz que Disipa las Tinieblas Vino al Mundo - Estudio de MARCOS I - (Mr 1 a 3)

 (Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos que se están estudiando (identificados al pie de cada párrafo, versión RVR60); los textos en cursiva son los comentarios que surgen respecto de esos textos. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)



DATOS GENERALES



Título del Libro: MARCOS (Mr)
N° de Capítulos: 16
Autor : Juan Marcos
Fecha: Alrededor del 60 al 65 d.C
Clasificación: Nuevo Testamento. Segundo libro de los denominados Evangelios (Los otros son los libros de MateoLucas y Juan)
Tema: Ministerio Terrenal de Jesús, el Siervo de Dios.



INTRODUCCIÓN


Marcos no fue uno de los doce apóstoles de Jesús, y probablemente era un niño o adolescente en el tiempo en que Jesús desarrollaba su ministerio en la tierra.

Juan Marcos aparece mencionado por Lucas en el libro de los Hechos, primero, como hijo de María, en casa de quien se reunían los discípulos. Más adelante, Lucas lo menciona como asistente de Saulo (Pablo) y de Bernabé (quien al parecer era su tío), durante su primer viaje misionero; sin embargo, Juan Marcos desertó de la misión cuando llegaron a Perge, y se devolvió a Jerusalén. Esto provocó gran molestia en Pablo, quien, en su segundo viaje evangelizador, no aceptó que Juan Marcos los acompañara. El desacuerdo entre Bernabé y Pablo fue tan intenso, que decidieron cumplir la misión de fortalecer las iglesias por separado, llevando cada uno a un asistente: Pablo recorrió toda Siria y Cilicia junto a Silas, y Bernabé viajó con Marcos hacia Chipre.

De acuerdo con los antecedentes recopilados en los textos bíblicos, entendemos que Marcos habría sido discipulado por Pedro, pues el Apóstol se refiere a él como "mi hijo" (en la fe), al final de su primera epístola

Sin dudas su inmadurez demostrada al dejar el ministerio en Perge de Panfilia fue corregida al fortalecer su formación cristiana junto a dos grandes como Bernabé y Pedro. Por otra parte, la transformación que el evangelio produjo en Marcos se evidencia en que Pablo cambió su opinión sobre él, de lo cual hay testimonio en la segunda carta dirigida a Timoteo, donde el apóstol, estando en la cárcel, solicita a Timoteo traer a Marcos con él en su próxima visita, pues lo necesitaba para la obra del ministerio.

El Evangelio según San Marcos es el segundo en aparecer en el Nuevo Testamento, y uno de los tres conocidos como "sinópticos" (junto con los libros de Mateo y Lucas), pues la secuencia de los eventos relatados es más o menos la misma.

También se cree que fue el primero en escribirse, obedeciendo a la necesidad de dejar testimonio permanente de lo que hasta entonces habían sido los relatos orales, que se habían transmitido de un discípulo a otro, de las enseñanzas recibidas del Hijo de Dios, basándose en la costumbre judía de transmitir y aprender las enseñanzas sagradas a través de la repetición oral de ellas (Mishnáh): las memorizaban, y traspasaban de generación en generación, para preservarlas. Ese sería el motivo por el cual el evangelio de Marcos es el más corto, pues, con el fin de memorizarlos, se omitían los detalles, y se concentraban más bien en comunicar lo más trascendente.



ESTUDIO



LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO


Marcos inicia su versión del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios, presentándonos el cumplimiento de dos profecías: "He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti" (Mal 3:1); y "Voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor; enderezad sus sendas" (Is 40:3). Ambas profecías están referidas a Juan, conocido como Juan Bautista, quien bautizaba en el desierto, y predicaba el bautismo para perdón de los pecados. De todas las provincias venían a él, y confesaban sus pecados. "Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre". Juan anunciaba al pueblo que, detrás de él, venía Uno más poderoso que él, de quien él no se sentía digno ni siquiera de atarle sus sandalias. Juan bautizaba en agua, pero Aquel del que estaba hablando "os bautizará con Espíritu Santo", decía. (1:1-8)

* Cuando los profetas del Antiguo Testamento anunciaron al Mesías, también anunciaron al precursor que prepararía el camino a Jehová (así lo dice la versión original).

De Juan Bautista sabemos que fue lleno del Espíritu desde que estaba en el vientre de su madre Elizabet, parienta de María, madre de Jesús. También, de acuerdo con las palabras de Jesús, Juan era el Elías que habría de preceder la venida del Ungido de Dios, para hacer volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres. De hecho, la descripción del atuendo de Juan tendría por finalidad traernos la imagen del profeta Elías, quien, como Juan, "tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero" (2 Re 1:8).

** Juan tenía por misión preparar al pueblo para la venida de su Mesías, por eso, su llamado a Israel era a reconocer sus pecados, y a arrepentirse de ellos, siendo la inmersión en agua el testimonio de ese profundo deseo de tener una conciencia aprobada por Dios; pero Jesús vino para que la salvación prometida fuera una realidad, y garantizarnos vida eterna por medio del bautismo en Espíritu Santo, el cual está siendo abundantemente derramado, luego de su resurrección, sobre todos los que creen que Él se sacrificó para darnos esa salvación.

En aquellos días, Jesús vino proveniente de Nazaret de Galilea, para ser bautizado por Juan en el Jordán. Entonces, cuando Jesús subía del agua, vio los cielos abrirse, y al Espíritu Santo descender sobre Él como una paloma; y se oyó una voz, que dijo: "Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia". (1:9-11)

Si Jesús nunca había pecado, ¿Necesitaba el bautismo de Juan?. De acuerdo a lo que vemos en el evangelio de Mateo, Juan se habría hecho la misma pregunta, pero Jesús le hizo ver que su santidad no lo eximía del bautismo, sino más bien lo obligaba a cumplir todo lo que se mandaba, porque Juan había sido enviado por Dios a bautizar en agua. Si Jesús hubiera omitido ese ritual, habría estado en rebeldía contra un mandato de Dios, y eso lo hubiera puesto en la misma posición de rebeldía en que cayó Adán en el Edén; consecuentemente, su vida no hubiese sido ofrenda aprobada para expiación de pecados, por cuanto el pecado hubiera dado paso a la muerte. Pero ¡bendito es el Hijo de Dios que nunca pecó!, convirtiéndose en el Inmaculado Cordero de Dios ofrendado para darnos vida eterna. 


Desde el Jordán, Jesús fue impulsado por el Espíritu Santo a ir al desierto, donde permaneció por cuarenta días. Allí fue tentado por Satanás, y estaba con las fieras, y los ángeles le servían. (1:12-13)

* La Septuaginta dice que el Espíritu "lanza al desierto" a Jesús. Es decir, no se trató de una invitación, o una opción. Jesús tenía que ser probado en su obediencia a Dios, de la misma forma en que todos somos probados en nuestra fe cuando venimos a Cristo. Marcos no entra en detalles sobre las tentaciones a las que Jesús fue expuesto, las cuales conocemos por los evangelios de Mateo y Lucas, sin embargo, lo que importa es que, a diferencia de Adán, Jesús fue tentado en todo según su condición humana, pero no pecó.

** Importante es recalcar que quien nos tienta no es Dios, sino Satanás, pero Satanás no puede hacer nada que Dios no permita, ni salirse de los límites que Dios le impone. Aun así, Satanás nos tienta según nuestra propia concupiscencia, la cual nos seduce y atrae fácilmente si no la resistimos con sabiduría, pero la sabiduría no viene sola, hay que procurarlaMiremos a Jesús, quien se defendió de las tentaciones citando las Escrituras, porque su corazón estaba lleno de la Palabra de Dios, y tras cada tentación, Él argumentó en contra, diciendo: "escrito está...".  Las Escrituras dicen que un hijo de Dios, con conocimiento de la Verdad, será como un árbol bien plantado; y  sabemos que un árbol con raíces profunda difícilmente podrá ser derribado. El conocimiento de la Palabra de Dios, y ser hacedores de ella es la mejor forma de resistir al diablo, el cual, no hallando espacio para cumplir sus propósitos, huirá de nosotros.

 

EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA


Luego que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del Reino, diciendo: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio". (1:14-15)

* Jesús inicia su ministerio anunciando: "El tiempo se ha cumplido"...  Él estaba pregonando la buena noticia de que había llegado la hora en que se cumplían las profecías que hablaban del levantamiento de un reino que no iba a ser jamás destruido, porque Jesús es la piedra cortada del monte, no con mano, que fue enviada para desmenuzar todos los reinos de la tierra, y establecer el reino eterno.

** Jesús llamó no sólo a creer, sino también a arrepentirse. Todo el que viene a Cristo, debe venir convencido de su pecado, y de que necesita ser transformado por el Señor. Solos nunca lograremos hacer la Voluntad de Dios, necesitamos la acción del Espíritu Santo en nuestro corazón, el cual no vendrá si no ve un corazón dispuesto a obedecer. 

Andando junto al mar de Galilea, Jesús vio a Simón y a su hermano Andrés echando la red, porque eran pescadores, y los llamó a unirse a Él, diciendo: "haré que seáis pescadores de hombres". Ellos fueron tras Jesús inmediatamente. Poco más adelante, encontró a Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, quienes remendaban las redes de su barca, y los llamó. Éstos también se le unieron, dejando a su padre. (1:16-20)

* Los hermanos Juan y Jacobo dejaron a su padre para seguir a Jesús. Sin dudas, el comentario no fue incluido sólo para describir lo ocurrido; había algo más profundo, porque Jesús vino a poner los cimientos de la iglesia, la Jerusalén celestial, llamada también "la esposa" del Cordero, la cual descenderá del cielo, ataviada como novia para su marido, cuando todo lo que conocemos haya acabado, y tengamos cielos nuevos y tierra nueva. Cuando las Escrituras hablan del matrimonio, dicen que el hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Jesús y la congregación de los santos se unen en un mismo Espíritu, así como Jesús y el Padre son Uno. 
 
Jesús dijo que el que no deje todo por seguirlo a Él, no puede ser su discípuloVenir a Cristo significa renunciar a todo lo que pueda convertirse en tropiezo para nuestra vida espiritual, y lo cierto es que, muchas veces, ocurre que amamos más a nuestras familias terrenales de lo que amamos al Señor, lo cual es idolatría. Jesús no dice que hay que de dejar de amar a los de nuestra casa, porque "amar al prójimo como a ti mismo" los incluye a ellos también; asimismo, el mandamiento de honrar padre y madre sigue vigente. Sin embargo, es lamentable ver que muchos, aunque digan lo contrario, aman más a los de su sangre que a Aquel con quien, se supone, comparten el mismo Espíritu. Nuestra unión con Cristo es eterna, por tanto, nuestra fidelidad debe ser a nuestro Señor por sobre cualquier relación sanguínea.

LOS DEMONIOS SABEN QUIÉN ES JESÚS


Estando en Capernaum, Jesús hablaba en la sinagoga en los días de reposo, y todos se admiraban de que "enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas". Entre los presentes, había un hombre con espíritu inmundo, que gritaba: "¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios". Entonces, Jesús lo reprendió, diciendo: "¡Cállate, y sal de él!". El espíritu sacudió con violencia al poseído, y lo abandonó en medio de gritos. Todos quedaron sorprendidos, y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen?". Así la fama de Jesús se extendía por todo el lugar. (1:21-28)

* Cuando Santiago quiso explicar por qué la fe sin obras es muerta, argumentó diciendo que "también los demonios creen, y tiemblan". Como podemos ver en estos versos, los demonios reconocían que Jesús era el Santo de Dios, y le temían, sin embargo, creer en Jesús no les bastaba para ser salvos, por causa de la maldad de ellos. Dentro de las iglesias, hay muchos que creen ser salvos, porque algún día recitaron Romanos 10:9-10, o porque en una reunión de la congregación, pasaron adelante y repitieron una oración que les dio su pastor. Lamentablemente, creer no sirve si no hay un verdadero deseo de que sus vidas sean transformadas; dicho de otra manera, no hay salvación si no hay verdadero arrepentimientoSólo cuando hay arrepentimiento, el Espíritu puede venir y hacer morada en el creyente, para iniciar nuestra transformación a la imagen de Cristo. Pero el que no tiene el Espíritu no es de Cristo, sino que sigue en las tinieblas. La salvación se demuestra por los frutos que la regeneración produce.

Es importante enfatizar que lo anterior no significa que para ser salvos hay que tener buenas obras, porque basta con creer con un corazón arrepentido para ser salvos, sino que las buenas obras son resultado de la transformación que, por la acción del Espíritu en nuestro corazón, empezamos a experimentar.


Aquel día, luego de la sinagoga, Jesús, Simón (Pedro), Andrés, Juan y Jacobo fueron a casa de Simón y Andrés. Al llegar, encontraron que la suegra de Simón estaba enferma, con fiebre. Jesús se acercó a ella, tomó su mano, y la levantó, y ella inmediatamente sanó, y comenzó a atenderlos. Al ponerse el sol, le trajeron todo tipo de enfermos y endemoniados, y todos se agolpaban a la puerta, y Él los sanó a todos, "y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían", y los echaba fuera. Al día siguiente, antes del amanecer, se levantó y fue a un lugar desierto para orar. Cuando sus discípulos lo encontraron, le dijeron que todo el mundo lo andaba buscando, pero Él los invitó a ir a los lugares vecinos a predicar "porque para esto he venido", decía. Así recorrió las sinagogas de toda Galilea predicando, y echando fuera demonios.  (1:29-39)

Saber quién es Jesús es una revelación que el Espíritu Santo pone en el corazón del creyente, de igual forma como Dios se lo reveló a Pedro. Ésa es la piedra sobre la que se edifica la iglesia. Los demonios siempre querían exponer a Jesús, pero el Hijo de Dios no quería llamar la atención hacia su persona, sino hacia la buena noticia de que el tiempo de salvación había llegado. De hecho, Él no era físicamente hermoso como para atraer a la gente por su buen parecer, ni necesitaba gritar ni contender para llamar la atención; sólo bastaban sus obras para evidenciar que Él era el MesíasJesús, sin importar si era un día normal o de reposo, sanaba a todo el que con fe se acercaba a él.  Los demonios interferían en la obra del Espíritu Santo al manifestar quién era Jesús antes de que las personas recibieran la revelación divina.


LA LEPRA DEL PECADO


Vino hasta Él un leproso que, arrodillándose, le dijo: "Si quieres, puedes limpiarme"; y Jesús extendió su mano, y le tocó, diciéndoles: "Quiero, sé limpio". Al instante, la lepra se fue, y quedó sano. Entonces, Jesús le encargó que no lo divulgara, sino que fuera al sacerdote, y ofreciera la ofrenda por la purificación según la ley, pero él no se contuvo, y contó a todos el milagro, y Jesús ya no podía entrar abiertamente a la ciudad, por lo que se quedaba en las afueras, pero la gente venía hasta Él. (1:40-45)

* El milagro del leproso nos representa a todos los que, habiendo oído la Palabra de salvación, creímos y nos arrepentimos de haber vivido en rebelión contra Dios. Porque todos llegamos a Cristo como inmundos leprosos por causa del pecado. Jesús dijo que Él no desprecia a nadie que haya sido enviado por el Padre, y la evidencia de que alguien es enviado por Dios es el corazón contrito y humillado, que reconoce su pecado. Aquí el leproso vino humillado, sabiendo que no era digno, postrándose ante Aquel que creía profundamente era el Único que podía sanarle.

** Jesús pidió al leproso no divulgarlo, sino ir hasta el sacerdote y ofrecer la ofrenda de purificación, la cual, de acuerdo a las Escrituras, simboliza las buenas obras que produce la salvación. Dice el salmista: "Suba mi oración delante de ti como el inciensoel don de mis manos como la ofrenda de la tarde" (Sal 141:2). Cuando alguien recibe la salvación, en vez de proclamarlo a los cuatro vientos, debe procurar su santificación llenándose de la Palabra de Dios, que es la que transforma, de manera de comenzar a dar los frutos de la salvación. En otras palabras, no necesitamos andar divulgando que fuimos regenerados, pues, las mismas obras serán nuestro testimonio, si es que realmente somos salvos.


JESÚS VINO PARA QUITAR EL PECADO DEL MUNDO


Algunos días después, de regreso en Capernaum, la gente oyó que Jesús estaba allí, y se reunió una gran multitud a la cual el Señor predicaba. Además, le traían enfermos para que los sanara. Llegaron, pues, cuatro hombres que cargaban a un paralítico, pero, como no podían entrar a la casa, y llevarlo hasta donde estaba Jesús, hicieron un agujero en el techo, por donde introdujeron al enfermo. Cuando Jesús vio la fe de ellos, dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados". Entre los presentes, había unos escribas que pensaban para sí que Jesús blasfemaba, pues sólo Dios puede perdonar pecados. Sabiendo Jesús lo que ellos pensaban, les preguntó: "¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda?". Entonces, les aclaró que el Hijo del Hombre tiene potestad para perdonar pecados en la tierra, y dirigiéndose al paralítico, le dijo: "A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa". El paralítico se levantó en seguida, y se fue, dejando a todo el mundo maravillado y glorificando a Dios. (2:1-12)

* ¿Por qué nos enfermamos? ¿Son nuestros pecados la causa de nuestras enfermedades? Jesús, de hecho, relaciona lo uno con lo otro, pero no debemos olvidar que, con el pecado original se introdujo la muerte. El hombre fue creado para vivir eternamente bajo la cobertura de la santidad, pero al rebelarse contra Dios, el pecado provocó la corrupción de toda la creación, y lo que fue creado para gloria de Dios, ahora estaba bajo la potestad de las tinieblas, sinónimo de corrupción y muerte. Con todo, aunque las enfermedades pueden ser el resultado de somatizar lo que hay en nuestra conciencia, muchas veces Dios usa (no las provocanuestras enfermedades para cumplir sus propósitos en nosotros, como sucedió con el hombre ciego, a quien Jesús devolvió la vista. Su enfermedad fue usada para mostrar a los presentes, a través de las obras que el Espíritu Santo hacía por medio del Hijo del Hombre, que Jesús era el Mesías profetizado. También Dios usó la muerte de Lázaro  para demostrar que el que cree en Jesús no morirá para siempre, sino que será resucitado en el día postrero, y tendrá vida eterna. Dios siempre tiene un plan, y en cuanto a sus hijos, siempre convertirá una aflicción en algo que obrará a favor de sus escogidos.


Volvió Jesús a predicar desde la costa, y enseñaba a todos los que le seguían, y pasando vio a Leví, hijo de Alfeo, un publicano que trabajaba para el imperio romano, cobrando tributos a los judíos.  Viéndole Jesús, le dijo: "Sígueme", y éste se levantó y le siguió. Luego fueron a casa de Leví, y les siguieron muchos publicanos y pecadores que compartían la mesa con Jesús. Entonces los escribas y fariseos dijeron a los discípulos de Jesús: "¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?". Oyendo esto, Jesús les respondió: "Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores". (2:13-17)

Leví, hijo de Alfeo es el apóstol Mateo, quien escribió el Libro de la Biblia que conocemos como el Evangelio según San Mateo, del cual ya hemos publicado el estudio bíblico completo en este Blog.

** Jesús fue enviado a traer de regreso al redil a las ovejas descarriadas de la nación de Israel. Entre ellas estaban aquellos que compartían con Jesús en la casa de Mateo; hombres y mujeres considerados lo peor de la sociedad. Los escribas y fariseos, que se creían perfectos, no estaban interesados en las ovejas perdidas, sino más bien las condenaban sin misericordia por haberse extraviado, pero Jehová no quiere la muerte del impío, sino que sea salvo el día de la redención final, por eso le dio sus ovejas al Hijo para que con la Palabra las convenciera de su pecado y las hiciera volverse a su Dios

La salvación por gracia fue, primeramente, anunciada a los hijos de Israel, pero desde el principio fue pensada para todas las naciones (judíos y gentiles), los que son llamados "descendientes de Abraham", es decir, los de fe. Luego de haberse anunciado el evangelio a los Judíos, y para abrir el camino a los gentiles, leemos en las Escrituras que se dio a los hijos de Israel un espíritu de estupor, para que no entiendan ni vean la Verdad, sin embargo, no está todo perdido para los judíos, porque, si por la gracia de Dios no permanecen en su incredulidad, serán vueltos al remanente destinado a salvación. Si estamos leyendo correctamente las Escrituras, entendemos que, una vez que todos los gentiles llamados a salvación hayan entrado al Reino, se dará por concluida la salvación de los hijos de la promesa, y Cristo vendrá por su iglesia. Hoy es tiempo de salvación para que todos los que oigan el llamado de Dios crean la Palabra que se les predica, se arrepientan y se rindan ante nuestro Señor Jesucristo, porque a Él Dios lo puso como mediador del Pacto de la salvación por gracia, pero este tiempo no será para siempre, sino que llegará a su fin sin previo aviso.


EL NOVIO PREPARA SUS BODAS

Los discípulos de los fariseos y de Juan Bautista estaban en tiempo de ayuno, y viendo que los discípulos de Jesús no ayunaban, vinieron y le preguntaron al Señor por qué no lo hacían. Entonces Jesús les dijo que cuando se celebran bodas, los compañeros del novio no pueden ayunar si el novio está con ellos; pero que vendrían días en que el novio les iba a ser quitado, entonces ayunarían. Y agregó: "Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar". (2:18-22)

* Jesús vino a poner los cimientos de la Jerusalén celestial, la ciudad destinada a ser templo del Dios Todopoderoso. Junto a sus discípulos, Él estaba haciendo los preparativos de lo que conocemos como las "bodas del Cordero", esto es, la unión indestructible entre el Hijo de Dios y su novia, la congregación de los santos destinados a vida eterna, que Jesús llamó mi "ekklesia" (iglesia en griego), que no es otra que la ciudad santa, la Jerusalén celestial que se está edificando en este tiempo de Gracia (que corre entre la resurrección y la segunda venida del Hijo de Dios), con piedras preciosas, que son los escogidos que oyen el llamado de Dios.
 
La Jerusalén del cielo nace a partir del nuevo Pacto, al cual Pablo se refiere como "la ley del Espíritu", es decir: el pacto por medio del cual Jehová salva gratuitamente, a todo el que cree que Jesús es el Hijo de Dios, enviado para salvar a la humanidad de su pecado, y le da el don del Espíritu Santo para iniciar el proceso de santificaciónNo lo hace por nuestras buenas obras, sino sólo por la fe, porque nadie es capaz de hacer obras tan sublimes, libres de orgullo o egoísmo, como para ser justificados ante Dios, por eso envió a su Hijo Jesús a redimirnos, quien pagó no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con su sangre preciosa, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

Tratar de mezclar ambos pactos es no entender que Jesucristo fue suficiente ofrenda para llevarnos a la salvación eterna, y que no se necesita nada más. En cuanto a la ley mosaica, muchas veces hemos dicho en nuestros estudios, que ella sólo tenía por finalidad guiar al pueblo escogido hacia su Mesías, enseñándole a andar en los caminos del Señor; pero una vez venido el Mesías, y habiendo derramado su sangre en la cruz, se daba por obsoleto el pacto antiguo, y entraba en vigencia el Pacto de la salvación por Gracia, del cual hablaron los profetasEs decir, las obras que se realizaban bajo la ley de Moisés ya no eran necesarias: como los sacrificios de animales, ofrendas amasadas, circuncisión, etc., porque la venida del Mesías daba total cumplimiento a la ley mosaica, pues, Él es el Cordero de  YHWH enviado para ofrendarse en el altar, a fin de liberar a los hijos de la promesa, de una vez para siempre, de la esclavitud de las tinieblas. En cuanto a la ley moral y ética, todos los mandamientos se cumplen en estos dos: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente", y "Amarás a tu prójimo como a ti mismo".


EL REPOSO DE JEHOVÁ


Estando en un día de reposo, mientras pasaban por los sembrados, los discípulos comenzaron a arrancar espigas. Entonces, los judíos dijeron a Jesús que no era lícito arrancar espigas en día de reposo. En respuesta, Jesús les recordó que el rey David, cuando tuvo necesidad y hambre, entró en la casa de Dios, y comió de los panes de proposición, que sólo está permitido comer a los sacerdotes, y que además lo compartió con los que iban con él. También, les dijo: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo". (2:23-28)

* En Jesús nuestras almas hallan reposo. Es decir, creer que Jesús es el Señor es la entrada al reposo de DiosLos discípulos de Jesús estaban junto al Señor del día de Reposo, por tanto, gozaban de la libertad que trae consigo la Verdad. Guardamos el día de reposo cuando hemos creído que Jesús es el Ungido de Dios en quien tenemos salvación: Ya no caminamos solos, haciendo nuestra voluntad, sino que caminamos unidos en el Espíritu al Hijo de Dios, quien, con su yugo ligero, nos guía por sendas rectas hacia la Ciudad Celestial, donde hay muchas moradas preparadas para los hijos.


Un sábado, estando en la sinagoga, había entre la gente un hombre que tenía su mano seca. Los fariseos observaban atentos a ver si Jesús lo sanaba, para acusarle de transgredir el día de reposo. Vino Jesús, y llamó al hombre para que se ubicara en medio, y preguntó a los fariseos: "¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla?", pero guardaron silencio. Jesús, al ver la dureza de sus corazones, se entristeció, y pidió al hombre que extendiera su mano, y lo sanó. Luego de esto, los fariseos se reunieron con los herodianos a fin de deshacerse de Él. (3:1-6)

* Guardar el día de reposo significa hacer la Voluntad de Dios. Jehová nos dio un día para dejar de andar en nuestros caminos; dejar de hacer nuestra voluntad; dejar de hablar nuestras palabras, y dedicarnos a venerar y a gozarnos en el Señor. Para los judíos es el sábado. Los cristianos dedicamos el domingo a los asuntos del Señor. Pero lo cierto es que nuestro Reposo en Cristo no es cosa de un solo día, sino que todos los días de nuestras vidas debemos gozarnos en nuestro Redentor, andando en sus caminos, hablando sus palabras, llenándonos del Espíritu Santo, porque esa es la Voluntad de Dios para sus hijos en Cristo, porque todo lo que hacemos cada día, sea en nuestro lugar de trabajo, en nuestro hogar, dondequiera que estemos, debemos hacerlo no para ser visto de los hombres, sino como para el Señor, porque a Él servimos.

** Una vez dentro del Reposo de Dios, los creyentes no estamos para condenar al prójimo, sino para llevarles el mensaje que puede salvar sus vidas. Muchas veces aislamos al que está caído, lo discriminamos por su condición, sin embargo, mientras gozamos del Reposo que es en Cristo, debemos hacer el bien, y guiar las almas a la salvación, como nos mandó nuestro Señor, y no hundirlas más. "Misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos", dijo el Señor. 


ELECCIÓN DE LOS DOCE


Jesús y sus discípulos fueron hacia el mar, y los seguía gente de todas las ciudades cercanas al Jordán, incluso de los alrededores de Tiro y Sidón, atraídos por las maravillas que oían sobre Él. Tanta era la gente que Jesús pidió a sus discípulos que siempre tuvieran lista la barca, a fin de que la gente no lo oprimiera, ya que, muchos de los enfermos, con el fin de tocarle para sanar, se abalanzaban sobre Él, e incluso los espíritus inmundos al verle, se postraban ante Él, diciendo: "Tú eres el Hijo de Dios", pero Él los reprendía para que no le descubriesen. (3:7-12)

Después subió al monte, y escogió a doce discípulos para que permaneciesen con Él, y para enviarlos a predicar; darles autoridad para sanar enfermedades, y echar fuera demonios. Estos fueron: Simón, al que llamó Pedro; Jacobo y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamaba "Boanerges", que quiere decir "hijos del trueno"; Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que lo entregó. Luego volvieron a casa.  (3:13-19)

Cuando venimos a Jesús, no lo hacemos, porque nosotros lo hayamos escogido a Él, sino, porque Dios tuvo misericordia de nosotros, y nos llamó. Dice la Palabra que fuimos escogidos desde la fundación del mundo, para ser adoptados como hijos de Dios, por medio de la fe, que también es un don que recibimos de Él. Dios escogió las ovejas para su redil, y se las dio al Hijo para que las reuniera en sí mismo.

** La elección de Judas Iscariote no fue un error. Él debía formar parte del grupo íntimo del Mesías, a fin de dar cumplimiento a las profecías que hablaban sobre la traición al Hijo de Dios. Judas, como hemos dicho en otros estudios, no fue víctima de Dios, sino escogido precisamente por su corazón entenebrecido, pues, a pesar de haber compartido por más de tres años con el Salvador del mundo, y haber sido partícipe de los dones del Espíritu Santo, su ambición lo empujó a cometer el peor crimen de la historia de la humanidad. Judas no fue manipulado, él estuvo donde quiso estar, e hizo lo que su naturaleza corrupta le mandó hacer


DESHACIENDO LAS OBRAS DE SATANÁS


Ocurrió que se reunió tal cantidad de gente, que ellos ni siquiera podían comer pan. Cuando los parientes de Jesús oyeron esto, pensaron que estaba fuera de sí, y fueron para llevárselo. Por su parte, los escribas decían que estaba endemoniado, y que echaba fuera los espíritus por medio del príncipe de los demonios. Al saber esto, Jesús los llamó, y les preguntó: "¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?", y en parábola, les explicó que, si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer; de igual manera, si una familia está dividida contra sí misma, no puede permanecer; y agregó: "si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Ninguno puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si antes no le ata, y entonces podrá saquear su casa". Por último, les dijo que todos los pecados serán perdonados a los hombres, excepto las blasfemias contra el Espíritu Santo, que serán castigadas eternamente. Esto lo dijo, porque habían dicho que Él tenía un espíritu inmundo. (3:20-30)

El Apóstol Juan, en su evangelio, nos revela que los hermanos de sangre de Jesús no creían en Él. Quizás esa es la razón por la cual, al producirse el alboroto que relata Marcos en estos versículos, pensaron que su hermano mayor estaba fuera de sí, y decidieron ir por Él. Sin embargo, su incredulidad no duró para siempre, y probablemente fue transformada en fe cuando lo vieron resucitado, pues consta que una de las personas a la cual Jesús visitó después de su resurrección fue su hermano Jacobo, conocido también como Santiago, quien llegó a ser líder en la congregación de Jerusalén y, según la tradición, es el autor de la epístola "Santiago", donde se presenta como: "Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo". Por su parte, otro de sus hermanos, Judas, también convertido en siervo del Señor,  sería el autor de la epístola "Judas", donde se presenta como: "Judas, siervo de Jesucristo, y hermano de Jacobo". Del resto de sus hermanos y hermanas no tenemos información, pero, sin dudas, también llegaron a creer que su hermano Jesús era el Mesías profetizado.

** Sabemos que el Hijo de Dios vino a deshacer las obras de Satanás, y que lo despojó de su poder totalitario cuando venció la muerte en la cruz, porque el poder de Satanás sobre la humanidad yace en el pecado que condena a muerte, pero la perfecta vida de Jesús impidió que Satanás llegara a tener poder sobre Él, por tanto, la muerte no pudo retener al Hijo del Hombre. En consecuencia, habiendo sido el cuerpo de Jesús, que no conoció pecado, perfecta ofrenda a favor de la humanidad, su sangre inmaculada que se derramó fue suficiente libación para expiar los pecados de todo el mundo, (pero efectiva sólo para los que creen), y abrió para los creyentes un camino directo al trono de la Majestad en las alturas, que hasta entonces había estado prohibido para el hombre.

Ahora todo aquél que cree que Jesús es el Redentor enviado por Dios ha resucitado junto con Cristo, y ya no sufrirá lo que las Escrituras llaman la segunda muerte, es decir, la condenación eterna en el lago de fuego, preparado para Satanás, el Hades, y para todos los que no se hallen inscritos en el libro de la vida. A los renacidos, el Señor nos hizo sacerdotes de Dios y de Cristo, para llevar el mensaje de esperanza a la humanidad, hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, cuando Jesús vuelva por su iglesia en gloria y majestad, y juzgue al mundo, y todo lo que conocemos sea destruido, y haya nuevos cielos y nueva tierra, donde viviremos eternamente en Dios por medio de Cristo.

*** Para tener un correcto entendimiento de las Escrituras, es necesario tener a la vista no sólo el párrafo que se está leyendo, sino todos los escritos bíblicos que hablan sobre un tema específico. En estos versículos, Jesús dio a entender que, para poder desarmar el poder de Satanás, mencionado como "el hombre fuerte", debía atarlo.

Aquí cabe una pregunta esencial para llegar a conclusiones correctas sobre los tiempos: ¿cuándo Jesús ata a Satanás? 

En Apocalipsis, leemos que un ángel que descendía del cielo "prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años". En seguida dice que: "lo arrojó al abismo, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo". Dicho esto, habla de los renacidos en Cristo, que reinarán con el Señor por mil años; y que "cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión..." (Ver Ap 20:1-15). Muchos interpretan de estos versículos, que el reino del milenio comienza después de la venida de Cristo; sin embargo, el Apóstol Pablo, en su carta a los tesalonicenses, dice que "ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene...", de lo cual podemos deducir que es en este tiempo que Satanás está atado de manos. Si bien es cierto, su maldad sigue influenciando al mundo, mientras el Espíritu Santo esté sellando a los escogidosSatanás no tiene libertad para tocar a los redimidos. El diablo tratará de poner tropiezo a los hijos de Dios, y no escatima esfuerzos para conseguirlo, pero no puede hacer nada que Dios no le permita hacer, y si Dios lo permite, es porque tiene un propósito superior que obrará para bien del reino y de sus escogidos.

En palabras simples, y basándonos en la parábola usada por el Señor, diremos que Jesús vino para desarmar a Satanás, y su golpe definitivo fue cuando resucitó. Entonces le quitó todas las armas en que el diablo confiaba, y ahora lo está despojando de sus bienes, es decir, está trasladando de las tinieblas al reino de luz a todos los que están siendo llamados por fe y para fe. Una vez que la totalidad de los llamados (los hijos de Abraham según la fe) sea introducida al Reino, Jesús vendrá para sacarlos del mundo, y Satanás volverá a ser liberado, y saldrá a engañar a los que queden en la tierra; levantará un falso profeta, y preparará al mundo para luchar contra el Cordero, quien finalmente, los vencerá con la espada de su boca.


LA FAMILIA DEL HIJO DE DIOS 


Entonces, vinieron la madre y los hermanos de Jesús que, quedándose fuera, enviaron a llamarle, y cuando avisaron al Maestro que su madre y hermanos le buscaban, Jesús dijo: "¿Quién es mi madre y mis hermanos?", y paseando su mirada sobre todos los que estaban sentados a su alrededor, agregó: "He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre". (3:31-35)

* Muchos se escandalizan al ver la respuesta de Jesús, sin embargo, el Señor no despreciaba a su familia terrenal, pero con sus palabras, estaba enseñando que, en el Reino espiritual, sólo los que hacen la voluntad de Dios son hechos hijos de Dios, por tanto, hermanos y coherederos con Cristo de las glorias venideras. La verdadera familia de Jesús es infinitamente más grande que los pocos que le buscaban en ese momento. Por lo demás, como dijimos previamente, los hijos del matrimonio formado por José y María no creían en Jesús; en consecuencia, no llegaron a ser hermanos espirituales de Jesús, sino hasta después de su resurrección.




(Ir a Estudio de Marcos, Segunda Parte)





sábado, 6 de febrero de 2021

Las Credenciales del Mesías (Estudio del Evangelio según San Mateo I - Mt 1 a 4:1-11)

(Nota: Los párrafos en negrita son un resumen de los versículos bíblicos que se están estudiando (identificados al pie de cada párrafo); los textos en cursiva son los comentarios que surgen respecto de esos textos. Para ir al link de respaldo bíblico o de apoyo, hacer click en los enlaces.)



DATOS GENERALES



Título del Libro: MATEO (Mt)
N° de Capítulos: 28
Autor : Mateo, Apóstol de Jesucristo
Fecha: Alrededor del 60 al 65 d.C
Clasificación: Primer libro de los denominados Evangelios (Los otros son los libros de MarcosLucas y Juan)
Tema: Vida del Hijo de Dios en la tierra, y cumplimiento de las Profecías Mesiánicas



INTRODUCCIÓN


El Nuevo Testamento contiene veintisiete libros; los primeros cuatro de ellos resumen la vida de Jesús en la tierra, y se les identifica como "los evangelios", pero sabemos que todos los libros del Nuevo Testamento están basados en el Evangelio de la salvación por la gracia de Dios.

Mateo es el primer Evangelio que aparece en la Biblia. No sólo eso, es el primer libro del Nuevo Testamento. Los estudiosos atribuyen esta posición, al hecho de que Mateo es el perfecto eslabón que une el Antiguo Testamento al Nuevo, ya que su autor se preocupa de resaltar, permanentemente, que muchos de los hechos relatados son el cumplimiento de profecías anunciadas en el Antiguo Testamento. Mateo es, además, el más conocido de los cuatro evangelios, quizá porque es el primero, o bien, porque es el que tiene más capítulos, por tanto, cuando leemos Mateo, tenemos un buen panorama general del ministerio del Hijo de Dios en la tierra; sin embargo, la tradición indica que el primer Evangelio en escribirse fue el de Marcos.

Mateo forma parte de los tres evangelios que se conocen con el nombre de sinópticos, porque siguen una línea muy similar en cuanto a su contenido. El más breve es el de Marcos, que probablemente sirvió como base a los otros dos. El tercero es el de Lucas. En tanto que, el Evangelio de Juan tiene su propia correlación y énfasis.

El nombre en hebreo de Mateo es Matityahu, que significa "don de Dios".

Mateo también era conocido con el nombre de Leví, y se unió a los discípulos de Jesús, tras ser llamado directamente por el Maestro. Hasta entonces, él se desempeñaba como publicano, es decir, prestaba servicios al imperio romano, recaudando impuestos para el César. Un publicano era considerado de lo peor entre los judíos, pues se les tildaba de traidores, ya que se enriquecían a costa de los de su propio pueblo, sirviendo a sus opresores. Sin embargo, cuando conoció a Jesús, no lo pensó dos veces, y de una vez y para siempre, abandonó su oficio y su vida de corrupción, para seguir al Señor.

En este Evangelio, su autor presenta las credenciales que certifican que Jesús es el Hijo de David, heredero al Trono eterno, conforme a las Escrituras. 


ESTUDIO


GENEALOGÍA DEL REY


Comienza este primer libro del Nuevo Testamento con la genealogía de los antepasados de Jesús, partiendo por Abraham, siguiendo con su hijo Isaac, luego, Jacob y su hijo Judá, pasando por todos los reyes del reino de Judá, hasta la deportación a Babilonia, llegando hasta Jacob, quien engendró a José, esposo de María, "de la cual nació Jesús, llamado el Cristo". Mateo, al final de este listado, hace la siguiente observación: "todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce". (1:1-17)

Con respecto a estos primeros versículos de este Evangelio, caben los siguientes comentarios: 

* No obstante que Mateo muestra a Jesús como descendiente del rey David, a través de su hijo el rey Salomón, algunos alegan inconsistencia en las Escrituras en cuanto al parentesco de Jesús con aquél a quien Jehová hizo la promesa de que el Mesías vendría de su linajeporque Jesús no fue engendrado por José, descendiente de David, sino por el Espíritu Santo. Por otra parte, si vamos al Evangelio de Lucas, nos encontramos con otra aparente contradicción en las Escrituras, pues, el evangelista dice que Jesús desciende de Natán, otro de los hijos de David. Con todo, Lucas tiene cuidado en aclarar que Jesús era "hijo, según se creíade José...", para luego continuar con el detalle de la ascendencia de Jesús, hasta llegar a Adán, el primer hombre, a quien señala como "hijo de Dios".

Las genealogías descritas tanto por Lucas como por Mateo son correctas, y probablemente la diferencia está en el énfasis que cada escritor quiso dar a su relato. En el caso de Mateo, él pone énfasis en el linaje real de Jesús por medio de José, su padre adoptivo, pues, siendo Jesús adoptado como hijo legítimo por José, le correspondían todos los derechos legales de primogénito, incluido el linaje real que precedía a los antepasados de José, descendiente de David, padre de Salomón. En cuanto a Lucas, su interés estaba en enfatizar la humanidad de Jesús, aun cuando era el Hijo de Dios. Por esta razón, habría decido dejar por escrito su procedencia según la carne, describiendo la genealogía del Hijo del Hombre que nació de María, quien también era descendiente de David, posiblemente, a través de su hijo Natán. Por tanto, ya sea que se tome la ascendencia de Jesús como hijo adoptivo de José, o como nacido de María, en ambos casos se cumple la promesa que YHWH hizo a David, de que de su descendencia nacería Aquél que le edificaría casa, cuyo trono sería eterno.

Sin perjuicio de lo anterior, no podemos pasar por alto el comentario que, sobre esta controversia, insertó Eusebio, historiador cristiano del tercer siglo, en su obra "Historia de la Iglesia". En el Capítulo 1:7 titulado "La Persona y la Obra de Cristo", Eusebio, citando la carta de otro autor de nombre Africano, dice: "Los nombres en las familias de Israel se enumeraban bien por naturaleza, bien por ley; por naturaleza era en el caso de descendientes genuinos; por ley, cuando otro hombre era padre de hijos en el nombre de un hermano que hubiera muerto sin descendencia". Es decir, la diferencia se produce por la ley de levirato, que mandaba que, cuando un hombre moría sin dejar descendencia, su hermano debía desposar a la viuda, con el fin de engendrar heredero para el difunto. El escritor explica que el bisabuelo de José, por la línea de Salomón, llamado Matán, se casó con Ester, con quien tuvo un hijo llamado Jacob, y luego murió. Ester, habiendo enviudado, se casó con Melqui, que era primo del difunto, descendiente de otro hijo de David, Natán. De la unión de Ester con Melqui, nació Elí. Es decir, Jacob (el primer hijo de la viuda) y Elí eran hermanastros por parte de la madre. Posteriormente, Elí se casó con una mujer con la cual no tuvo descendencia antes de morir; y es entonces que se hace efectiva la ley de levirato, pues, Jacob, el hermanastro, tomó como mujer a la viuda de Elí, de la cual nació José, el padre adoptivo de Jesús. Dicho de otra manera: según esta explicación, José era hijo natural de Jacob, pero hijo de Elí según la ley.

Sin importar cual sea el origen de esta aparente contradicción, lo más relevante es que es indiscutible que Jesús era descendiente de David, tanto por adopción como según la carne, porque era hijo de María, también del linaje de David. 
  
Con todo, lo que más llama mi atención tiene que ver con el hombre escogido por cada escritor como punto de partida de esas genealogías: Mateo parte con el nombre de Abraham, el padre de la fe, a quien Jehová hizo las promesas, y no de Adán, el primer ser humano creado del polvo de la tierracomo lo hizo Lucas. En otras palabras, Mateo desea llevar nuestra atención hacia Jesús, el Hijo de Dios en quien se cumple la promesa hecha a Abraham de que en su simiente serían benditas todas las naciones; en tanto que Lucas nos hace mirar hacia Jesús, el Hijo del Hombre ungido por Dios para morir por sus hermanos que, como Él, eran carne y sangre. Porque Jesús, aun cuando su origen es de la eternidad, era un ser humano, nacido en un cuerpo terrenal como el de Adán, pero sin pecado, porque nació de la simiente de Dios. 

** ¿Tiene el comentario de mateo, relativo a los tres grupos de catorce generaciones cada uno, entre que se hizo la promesa a Abraham hasta que nació el Mesías, un fin más profundo que un simple dato anecdótico? La experiencia nos dice que en las Escrituras nada está puesto al azar, y que Dios permitió que estuviera allí por algún motivo. Si multiplicamos el número de 14 generaciones por 3, nos da un total de 42 generaciones(Como dato extra, agregaremos que desde Adán hasta el nacimiento del Mesías hay sesenta y dos generaciones). El número 42 encierra un misterio, porque aparece en otros textos bíblicos. Por ejemplo, en Ap 11:2 y 3 dice que el patio del templo fue entregado a los gentiles, quienes hollarán la ciudad santa por 42 meses; pero que el Señor dio a sus dos testigos 1260 días (es decir 42 meses o tres años y medio) para profetizar. En Ap 13:5, dice que el dragón dio autoridad a la bestia para actuar por 42 meses. En otra parte del libro de la revelación, Ap 12: 6, dice que la mujer que dio a luz al varón, al que el dragón escarlata quería devorar, huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para ser sustentada por 1260 días, (es decir 42 meses ó 3 años y medio, los que, creemos, no serían meses como los conocemos, pues para Dios un día es como mil años...). La mujer perseguida es Israel; primero como el Israel terrenal, el de las doce tribus, que dio a luz al Salvador, pero luego de la resurrección del Mesías, como el Israel de la fe, la congregación de los santos, que peregrina por el desierto hasta que reciba la tierra por herencia, conforme a la bendición hecha al patriarca Abraham, el padre de la fe. Por tanto, entre la promesa y el nacimiento del Mesías está el número 42 (seis veces siete generaciones); y entre el nacimiento del Mesías y el regreso de éste en gloria y majestad, vuelve a aparecer el número 42. Quizás en ese juego de números se encuentra el misterio de la profecía de Daniel. No es mi intención, por ahora, comenzar a elaborar una teoría sobre el tema; sólo me limito a poner el tema en relieve.


CONCEPCIÓN DEL HIJO DE DIOS


Mateo nos relata la concepción de Jesús de la siguiente manera: "Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo". Cuando José se enteró de esto, quiso romper el compromiso, pero un ángel se le apareció en sueños, y le dijo que no temiera recibirla como esposa, pues, el Hijo que estaba en su vientre era del Espíritu Santo, y que debía llamar su nombre "Yeshua" (Jesús en español), que significa "Salvador", porque él salvaría a su pueblo de sus pecados. Entonces, Mateo escribe: "todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros". Consecuentemente, José tomó a María como esposa, pero no consumó su matrimonio, sino hasta después de que María dio a luz al Hijo de Dios. (1:18-25)

* En Lc 1:26-35 se relata cómo fue el momento en que el ángel Gabriel, enviado por Dios, fue hasta María, que vivía en Nazaret, ciudad de Galilea, para comunicarle que ella había hallado gracia ante los ojos de Jehová para concebir en su vientre un Hijo, al cual pondría por nombre Jesús, quien sería llamado Hijo del Altísimo, y al que Dios daría el trono de David, para que reinase sobre la casa de Jacob para siempre (ver Is 9:7). María le preguntó cómo podría suceder eso, pues, ella era virgen. El ángel Gabriel le respondió que el Espíritu Santo vendría sobre ella, y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, por lo cual el Hijo sería llamado Hijo de Dios.

** La religión católica niega que María haya consumado su matrimonio con su esposo José, y declaran a "María siempre virgen", lo que contradice la versión original de este evangelio, donde leemos que María se unió a su esposo carnalmente después que nació el Hijo (Mt 1:25). Es extraño que traten de defender la virginidad de María como si fuera pecado que se hubiera unido sexualmente a su marido legítimo, obedeciendo, por lo demás, el mandamiento que dice que el hombre "se unirá a su mujer, y serán una sola carne", o el que manda a Adán y Eva a fructificar, multiplicarse y llenar la tierra. La relación sexual entre marido y mujer no es pecado y, de hecho, el Apóstol Pablo se refiere al tema y, dice a las parejas de casados que no se nieguen el uno al otro, y que cumplan con sus deberes conyugales mutuamente, y está hablando de la intimidad sexual. Lo que es pecado es la fornicación, es decir, relaciones sexuales fuera del vínculo marital.

En los relatos estudiados, vemos en acción el cumplimiento de las siguientes profecías 
 
  • Gn 3:15 , La simiente de la mujer, el Hijo del Hombre que hirió a Satanás en la cabeza, viene al mundo;
  • Is 7:14: El Mesías no sería concebido de simiente humana, sino del Espíritu Santo en una mujer virgen. 
  • 2 Sa 7:12; 1R 8:25; 2 Cr 6:16; 1 Cr 17:11-15: El Mesías vendría del linaje del rey David, y sería conocido como el Hijo de Dios 
  • Gn 49:8-12: El Mesías vendría de la tribu de Judá, y procedería del linaje de los reyes. 
  • Is 9:6-7Dn 2:44: El reinado del Mesías será eterno. 
  • Sal 130:8: El Salvador redimiría de sus pecados a Israel. 

NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS


Mateo cuenta que, cuando nació Jesús, vinieron desde el oriente unos hombres sabios, que buscaban al rey de los judíos que había nacido, pues habían visto su estrella, y querían adorarle. Cuando el rey Herodes se enteró de que buscaban al pequeño rey de los judíos, se turbó, y reunió a los sacerdotes y escribas para consultarles qué decían las Escrituras sobre el nacimiento del Cristo, y éstos citaron Mi 5:2, que dice: "Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel". Herodes habló con los magos, con el fin de indagar más sobre la estrella, y los envió a Belén, diciéndoles que, a su regreso, pasaran por palacio para informar al rey, de modo que él pudiera ir también a adorarle. Siguiendo la estrella, los magos continuaron su viaje hasta que vieron que ésta se detuvo en una vivienda, donde encontraron a María con el niño, y le adoraron, y abrieron sus tesoros, ofreciéndole presentes: oro, incienso y mirra. A su regreso, no volvieron a Herodes, pues, siendo advertidos en sueños que no lo hicieran, tomaron otro camino. (2:1-12)

Sólo en este evangelio se menciona a estos hombres sabios que venían del oriente, siguiendo una estrella que les señalaba dónde había nacido el nuevo rey de los judíos. Mateo nunca dice que esos magos eran reyes, ni dice cuántos eran, ni mucho menos especifica sus nombres. Por tanto, todo lo que sabemos de ellos fuera de lo mencionado por el autor de este evangelio, no son sino invenciones que se han ido transmitiendo por tradición, de generación en generación.


MATANZA DE LOS NIÑOS


Al darse cuenta Herodes de que había sido burlado por los magos, y ante la amenaza que implicaba a su reinado este pequeño recién nacido, dio orden de matar a todo niño menor de dos años nacido en Belén y alrededores. Pero un ángel advirtió a José con el fin de que tomara al niño y la madre, y los llevara a Egipto, y permanecieran en esa nación hasta después de la muerte del rey. Todo esto ocurrió, dice Mateo, para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta Oseas: "De Egipto llamé a mi Hijo". También la matanza significó el cumplimiento de las palabras de Jeremías, cuando dijo: "Voz fue oída en Ramá, grande lamentación, lloro y gemido; Raquel que llora a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron." Cuando murió Herodes, un ángel apareció a José en sueños, y le dijo que volviera a tierra de Israel, porque ya no estaban los que procuraban matar al niño. Al saber que Arquelao gobernaba Judea en lugar de su padre, José siguió su camino a Galilea, según le fue revelado en sueños, y habitó en Nazareth, "para que se cumpliese lo que fue dicho por los profetas, que habría de ser llamado nazareno." (2:13-23)

* El rey Herodes aquí mencionado sería el conocido como Herodes el Grande; un idumeo, es decir, descendiente de Esaú (Edom), el hermano gemelo de Jacob, pero, obviamente, no judío, pues, los judíos son descendientes de Israel (que antes era Jacob). Lo curioso, es que datos históricos prueban que Herodes el Grande murió el año 4 a.C., es decir, ¿murió cuatro años antes de que Jesús naciera? ¿Cómo podría ser, entonces, el autor de las muertes de los infantes?
 
Hay dos posibilidades: el que gobernaba Israel cuando Jesús nació no era Herodes el Grande, sino su hijo Herodes Arquelao, quien gobernó Judea entre el año 4 a.C. y 6 d.C., o hay un error, no bíblico, sino del calendario establecido para contar nuestros días.  
 
De acuerdo al relato de Mateo, queda claro que no puede ser la primera opción, pues, Herodes Arquelao fue el que sucedió en el trono al rey Herodes que intentó matar al recién nacido Salvador de Israel. Citando las palabras textuales de Mateo, éste escribió: "después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño", y luego agregó: "Pero oyendo (José) que Arquelao reinaba en Judea en lugar de Herodes su padre, tuvo temor de ir allá; pero avisado por revelación en sueños, se fue a la región de Galilea" (Mt 2:19-22). Asimismo, descartamos a Herodes Antipas, pues éste no fue gobernante de Judea. Herodes Arquelao y Herodes Antipas eran ambos hijos de Herodes el Grande. Al morir Herodes el Grande, Arquelao asumió el gobierno de Judea, Samaria e Idumea; y el segundo, el gobierno de Galilea y Perea.

Pues, bien, efectivamente, ahora sabemos que Dionisio el Exiguo, en el año 525 d.C. tuvo la misión de establecer el año de nacimiento de Jesús como el año "1" ("Anno Domini" - año del Señor, en latín). El monje, sabiendo por los evangelios, que Jesús había nacido durante el reinado de Herodes el Grande, calculó el nacimiento de Jesús en los últimos años de vida de Herodes, pero, al hacerlo, se equivocó en la fecha de muerte del rey, estimando que éste murió en el año 753 a.u.c.(la sigla a.u.c. es la expresión en latín Ab Urbe Condita, que se refiere a la Fundación de la Ciudad de Roma, que es una de las formas antiguas usadas para contar los años) cuando lo cierto es que murió en el 750 a.u.c., que equivale al año 4 a.C. de nuestro calendario.  
 
En cuanto a cómo determinar la fecha de nacimiento del Señor, hay que considerar que le debe haber tomado algún tiempo al rey Herodes darse cuenta de que había sido burlado por los magos, quienes no volvieron para decirle dónde hallar al pequeño rey de los judíos; lo que nos hace pensar que deben haber pasado entre uno a dos años desde el nacimiento de Jesús cuando Herodes ordenó la matanza de los niños, pues, el rey debe haber estimado el tiempo transcurrido entre la venida de los reyes a palacio hasta la fecha en que se encontraba en ese momento, para llegar a la conclusión de que, si mataba a todos los menores de dos años, se aseguraba de dar muerte al pequeño Rey de los judíos que amenazaba su reinado. En el caso más extremo, vamos a suponer que Herodes murió el mismo año en que mandó matar a los niños (aunque lo más probable es que haya sido tiempo después), como mínimo podemos concluir que Jesús había nacido entre cinco a siete años antes del que Dionisio estableció como el año 1 de la era cristiana. Todo lo anterior nos lleva a afirmar, por extraño que suene, que la verdadera fecha de nacimiento de Jesús sería alrededor del año 6 ó 7 antes de Cristo.
 
Pero aún hay más para sorprendernos: de acuerdo al relato de Lucas, quien usa referencias históricas para contextualizar los hechos de la vida y muerte del Hijo del Hombre, el año en que Jesús fue crucificado fue efectivamente el 33 d.C., por lo tanto, Jesús tenía más de 33 años (¿unos 40 quizás?) cuando dio su vida por nosotros en la cruz.
 
** Raquel era la esposa de Jacob, madre de José y Benjamín, dos de los hijos del patriarca. Se habla del llanto de Raquel por sus hijos, probablemente, debido a que, entre los habitantes de la región de Judea en ese tiempo, muchos eran benjaminitas, es decir, descendientes del hijo menor de Raquel, la tribu que permaneció en el reino de Judá cuando Israel fue dividido en dos reinos, después de la muerte del rey Salomón: Israel al norte, con trono en Samaria, constituido por diez de las doce tribus; y Judá al sur, con trono en Jerusalén, constituida principalmente por las tribus de Judá y Benjamín, (más los sacerdotes y levitas y algunas familias de las diez tribus que salieron del reino del norte).  
 
Cuando estudiamos la vida de las hermanas Lea y Raquel (Estudio de Gn 30:16-24, Blog "Profundizando en la Palabra"), llegamos a la conclusión de que, precisamente, ambas hermanas representaban a Israel dividida; y que Lea simbolizaba al reino del norte, en tanto que Raquel, al reino del sur, de donde proviene el remanente que ahora habitaba esa región en Palestina; que es otro motivo para decir que los niños eran hijos de Raquel.
 
Por último, otra razón sería que, al morir Raquel, sus restos fueron enterrados, precisamente, "en el camino de Efrata, la cual es Belén" (Gn 35:19). 

*** La palabra "rama", "vástago" o "renuevo" en hebreo es "Netzer", de donde viene el término "nazareno". En hebrero Nazaret es Natzeret, y nazareno es "natzri". En la profecía sobre el Mesías, que dice: "Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová" (Is 11:1-2), la palabra hebrea que se traduce como "vástago" o "brote" es "netzer". Por tanto, los estudiosos creen que Mateo estaría haciendo alusión a esta profecía de Isaías o a cualquiera de las que hablan del "renuevo" proveniente de David, por ejemplo: Jer 23:5; 33:15; Zac 3:8; 6:12; Esd 3:8.

Profecías en cumplimiento:
  • Is 9:6-7: Nace el Mesías prometido, cuyo nombre es Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz
  • Os 11:1: El Hijo de Dios fue traído desde Egipto. 
  • Dn 11:44: Las noticias de que había nacido el rey de los judíos, traída por los sabios de oriente, atemorizaron a Herodes el Grande. 
  • Ap 12:4-5: Satanás intenta matar al Mesías, por medio de Herodes el Grande. 
  • Jer 31:15: Matanza de niños descendientes de Raquel.

    JUAN BAUTISTA


    En seguida, Mateo cambia de escenario, y nos lleva unos treinta años más adelante en el tiempo, hasta Juan Bautista predicando en el desierto de Judea, y llamando al arrepentimiento: "porque el reino de los cielos se ha acercado". El escritor nos dice que "Este es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dijo: voz del que clama en el desierto: preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas" (Is 40:3). El profeta usaba un vestido de pelo de camello, y un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel silvestre (3:1-4).

    *El evangelio de Marcos inicia con el ministerio del profeta Juan Bautista, diciendo que éste había venido en cumplimiento de las profecías (de Malaquías e Isaías), que decían: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí."; "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios" (Mr 1:2, 3). En cuanto a Jesús, Marcos nos muestra al Señor iniciando su ministerio con un llamado a Israel a arrepentirse y a creer, en los mismos términos que Juan lo hizo. Sus palabras fueron: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio" (Mr 1:15). 

    ** Charles Spurgeon, el pastor bautista reformado inglés, decía que la fe y el arrepentimiento son inseparables, y tenía razón. No basta con creer, porque, como dijo Santiago, "también los demonios creen, y tiemblan" (Stg 2:19), pero no les sirve para salvación. Lamentablemente, así como los demonios creen en Dios, y temen, dentro de la iglesia hay muchos que aseguran ser salvos, porque creen en Dios, pero como no se han arrepentido de sus obras, continúan estando del lado de aquellos de los cuales habló Jesús, diciendo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos" (Mt 7:21-23). No pocos versículos en las Escrituras nos llaman al arrepentimiento para salvación.

    *** La descripción de la vestimenta de Juan es coincidente con la vestimenta del profeta Elías. Probablemente se hace este énfasis aquí para revelar que, como Jesús dijo, Juan era el Elías que había de venir.

    Juan bautizaba en el río Jordán a todos los que llegaban confesando sus pecados. También los fariseos y saduceos llegaban, pero él los reprendía diciéndoles que eran una generación de víboras, y los llamaba a hacer frutos dignos de arrepentimientoEl profeta les recriminaba el que se creyeran especiales, porque eran hijos de Abraham, siendo que Dios podía levantar hijos a Abraham incluso de las piedras. Les dijo que el bautismo que él practicaba era en agua para arrepentimiento, pero que después de él, vendría uno más poderoso que él, quien bautizaría en Espíritu Santo y fuegoAquél que venía estaba listo para recoger su trigo en su granero, y echar la paja al fuego que no se apaga. (3:5-12)

    * Muchísimos pueblos descienden de Abraham, sin embargo, la promesa que Dios hizo al patriarca decía: "tu descendencia se establecerá por medio de Isaac" (Gn 21:12 NVI); pero esto tampoco significa que se es salvo sólo por descender de Isaac, sino por la fe en Jesucristo, que es la simiente de Isaac a la cual se hizo la promesa. El Apóstol Pablo aclara en su carta a los Gálatas que, "a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo" (Ga 3:16).
     
    De Abraham nacieron muchos pueblos que se sienten orgullosos de ser descendientes del patriarca, y creen que irán al cielo sólo por ser "hijos de Abraham". Recordemos que su primer hijo Ismael también tuvo hijos que son descendientes de Abraham según la carne, pero si ellos no se han vuelto a Dios por la fe en el Mesías de Israel, no son salvos. Además, Abraham, después de la muerte de Sara, tomó otra mujer por esposa, y tuvo muchos hijos con ella también. Lamentablemente para todos esos orgullosos hijos de Abraham, la salvación no es según la carne, ni siquiera es para todos los descendientes de Isaac o Israel, sino para los que tienen la fe de AbrahamDice la Escritura: "Abraham creyó y le fue contado por justicia" (Gn 15:6); "en tu simiente [Jesússerán benditas todas las naciones, por cuanto obedeciste a mi voz" (Gn 22:18).
     

    ** Los fariseos y saduceos eran dos grupos políticos y religiosos israelitas, que dominaban en Israel en el tiempo de Jesús. Los fariseos creían en la resurrección, mientras que los saduceos la negaban. Ambos grupos eran poderosos, y muy rígidos en su observancia de la ley mosaica, tanto, que agregaron cientos de nuevos preceptos a la ley, a fin de evitar pecar en lo más mínimo, distorsionando totalmente su sentido más profundo (motivo por el cual muchos se refieren a ellos como "sectas"). Se creían muy puros, pero, como dijo el Señor, no eran más que sepulcros blanqueados, llenos de huesos putrefactos en su interior.

    *** El bautismo en Espíritu Santo lo recibimos por la fe en el Hijo de Dios, cuando confesamos con nuestra boca que Jesucristo es el Señor, y creemos que Dios lo levantó de entre los muertos (Ro 10:9-10). El bautizo en agua simboliza la limpieza de nuestra conciencia, y el genuino deseo de mantener esa conciencia libre de contaminación, por eso se llama "bautizo en agua para arrepentimiento", simbolizándose la purificación de todo nuestro ser en la inmersión en agua. Pero sólo cuando ese arrepentimiento es verdadero, la regeneración por medio del Espíritu Santo es posible, de lo contrario, podemos sumergirnos en agua mil veces, pero ninguna transformación se habrá producido. Una vez que el Espíritu Santo hace su morada en el creyente, permanece para siempre. Él es el sello de garantía de que somos salvos de la ira de Dios, y que viviremos eternamente en la tierra nueva, junto a nuestro Señor.

    **** ¿Qué es el Bautismo en fuego? Si nos remitimos a las palabras del Apóstol Pablo, cuando dijo: "nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguien es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como a través del fuego" (1Co 3:11-15 NBLA); concluimos, pues, que el bautismo en fuego son las pruebas que todo creyente debe enfrentar, con el fin de quitar todo lo que estorba a su crecimiento, de modo de ayudarle a despojarse del viejo hombre para ser revestido de Jesucristo.
     
    Jehová dijo, a través del profeta Zacarías: "meteré en el fuego a la tercera parte, y los fundiré como se funde la plata, y los probaré como se prueba el oro". También por medio de Malaquías, Jehová habló de fuego purificador: "¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste? Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores. Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia". El Apóstol Pedro también se refiere al tema, diciendo: "aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual, aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo". Jesús dijo que él es la vid verdadera, y el Padre, el labrador, quien quitará toda rama que no lleve fruto en la vid, y a las ramas que lleven fruto, las podará para que den más frutoDios disciplina a todo el que recibe por hijo, mas, los que son ejercitados en la disciplina de Dios, son fortalecidos en fe, y aprenden a confiar, ya no en sus propias fuerzas, sino en el Dios Todopoderoso, a través de Jesucristo, en quien descansan nuestras almas.

    BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁN


    Llegó el día del bautismo en agua de Jesús, pero Juan se sentía incómodo de bautizar al justo Hijo de Dios, mas Jesús insistió en que lo hiciera, pues era necesario cumplir todo lo establecido. En cuanto salió del agua, los cielos fueron abiertos, y el Espíritu de Dios descendió como paloma sobre Él, y se oyó una voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia". (Mt 3:13-17)

    * Creo que podemos entender la incomodidad que sintió Juan de bautizar al Ungido de Dios, sabiendo que en Él no había pecado, pero Jesús insistió en ser bautizado, porque si no lo hubiera hecho, hubiese desobedecido el mandato que Juan recibió del cielo, de bautizar a los judíos en agua para arrepentimiento. Jesús no vivía al margen de las leyes terrenales, y muchos menos dejaría de observar un mandato dado por Dios. Es más, Jesús enseñó la necesidad de cumplir con las leyes de los hombres, y servir a Dios al mismo tiempo. Él no se excluía de pagar impuestos, por ejemplo, como lo veremos en el relato de Mt 17:24-27. Los apóstoles de Jesús enseñan a los creyentes a someterse a toda institución y autoridad, pagando tributos, respetando las leyes, y siendo excelente en toda obra, respetando las jefaturas aun cuando se trate de personas difíciles de soportar. Ser hijo de Dios conlleva gran responsabilidad y, si es necesario padecer, soportamos con mansedumbre, a fin de que Dios sea glorificado en todo lo que hacemos.

    Profecías en cumplimiento:
    • Is 40:3Mal 3:1: Venida de Juan Bautista, antes que el Mesías, para preparar camino al Señor.
    • Mal 4:5: Juan era el profeta Elías, enviado antes de la venida del Señor.
    • Is 42:1-16: Jesús era el siervo de Jehová en quien se complacía. Aquél que venía a establecer justicia en la tierra, y alumbraría el camino al cielo.


    SATANÁS TIENTA A JESÚS


    Luego de su bautizo en el Jordán, Jesús fue conducido al desierto por el Espíritu Santo, para ser tentado por el diablo. Llevaba cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, y tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: "Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan", pero Jesús le respondió citando las Escrituras que dicen que no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Dt 8:3). Luego, el diablo lo llevó al pináculo del templo, y le dijo: "Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti,  y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra". Mas Jesús volvió a citar las Escrituras, diciendo: "Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios". Finalmente, Satanás tentó a Jesús mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y diciendo: "Todo esto te daré, si postrado me adorares". Pero Jesús, citando nuevamente las Escrituras, le respondió: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás". Entonces, el diablo lo dejó, y ángeles vinieron hasta Jesús para servirle. (4:1-11)

    * Jesús salió de Dios, pero, como dice la epístola a los Filipenses, Él se despojó de su divinidad para hacerse un ser humano como todos nosotros

    Jesús es llamado el postrer Adán, pero a diferencia del primer Adán, Satanás no pudo corromper la voluntad de Jesús, quien perseveró hasta cumplir todo aquello para lo cual fue enviado. La férrea obediencia de Jesús al Padre fue la principal derrota de Satanás, pues esa firmeza hizo imposible que la muerte pudiera retenerlo, porque no había pecado en Él, y el pecado es el que lleva a la muerte.

    ** El Apóstol Juan, en su primera epístola, nos dio un nuevo mandamiento: "No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo" (1 Jn 2:15-16).
     
    Pues, observemos que Satanás tentó, precisamente, en esas áreas al Hijo de Dios: primero, los deseos de la carne. La tendencia del ser humano caído es procurar para sí mismo todo lo que su carne desea, (los descendientes de Adán somos intrínsecamente egoístas), pero la naturaleza de Jesús era sin pecado. Sin dudas, si Jesús hubiese querido transformar piedras en pan, lo hubiese podido hacer, tan fácilmente como que de cinco panes alimentó a una multitud, pero, a pesar de que tenía hambre, Él se mantuvo firme, y cumplió su ayuno hasta el final. 
     
    También, Satanás lo puso a prueba a través de los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, mostrándole todos los reinos de la tierra y su esplendor, ofreciéndole dominio sobre ellos a cambio de adorarle a él, pero Jesús, lleno del Espíritu Santo, no podía ser confundido con esas cosas.
     
    Pero no sólo lo tentó con lo que entra por los sentidos, sino también quiso probarlo en su carácter, al introducir cada tentación cuestionando su origen divino: "si eres el Hijo de Dios...", quizá esperando despertar en Jesús algún sentimiento de orgullo que le impulsara a querer demostrar, con alguna manifestación extraordinaria, quién era; pero el Hijo de Dios era incorruptible, porque estaba lleno del Espíritu de Dios, y la mansedumbre y humildad fueron su sello durante toda su vida terrenal. Si Satanás hubiera conseguido que cayera en una sola de estas tentaciones, el plan de redención habría fracasado, porque cada una de ella pretendía que Jesús, igual que Adán, desobedeciera la voluntad del Padre.