viernes, 3 de abril de 2026

¿POR QUÉ JESÚS MURIÓ EN LA CRUZ?


Dentro de los milagros de Jesús que más se recuerdan están aquellos en que alimentó a miles de personas tras multiplicar unos pocos panes. Posteriormente, la gente lo buscaba para que les diera más pan, pero él les dijo: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre" (Jn 6:27). Cuando ellos le preguntaron cuáles eran esas obras de Dios que debían poner en práctica, él les respondió: "Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado" (Jn 6:29). Luego les dijo que no era el maná el verdadero pan del cielo, sino Aquél que Dios envió (refiriéndose a sí mismo), para dar vida al mundo, pues, el que coma de este pan nunca morirá. Y explicó: "el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo" (Jn 6:51), y agregó: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él" (Jn 6:54-56).  

Al oír esto, muchos de sus seguidores se escandalizaron y lo abandonaron, porque no entendieron que, cuando Jesús hablaba de comer Su carne y de beber Su Sangre, estaba hablando de creer.

En la última cena, Jesús vuelve a hablar de comer su carne y beber su sangre, representándolo con dos elementos: el pan y el vino: "Mientras estaban comiendo, Jesús tomó un pan y dio gracias a Dios. Luego lo partió, lo dio a sus discípulos y les dijo: «Tomen y coman; esto es mi cuerpo.» Después tomó una copa llena de vino y dio gracias a Dios. Luego la pasó a sus discípulos y les dijo: «Beban todos ustedes de este vino. Esto es mi sangre..." (Mt 26:26-28 TLA). 

A través del partimiento del pan, del cual todos debían comer, y de la copa de vino de la cual todos debían beber, Jesús estaba dando a conocer el significado de Su muerte que, algunas horas después, iba a protagonizar en la cruz. Cuando el Señor partió el pan y lo repartió, estaba enseñando que, por medio de Su cuerpo quebrantado en el calvario, igual como el pan que alimenta al que come, Dios daría vida a todo el que cree. Dicho en otras palabras: si creemos en el corazón que Jesús tomó nuestro lugar en la cruz, quedamos limpios de culpa (justificados ante Dios), porque Él dio su vida a cambio de la nuestra, para pagar la deuda de pecado que teníamos con Dios, porque "el pecado da como pago la muerte, pero Dios da como regalo la vida eterna en unión con nuestro Señor Jesucristo" (Ro 6:23 PDT). Pero no sólo debemos comer el pan; también el vino debe ser bebido, porque representa Su sangre derramada, la cual, por no estar contaminada de pecado, tiene el poder de expiar, de una vez y para siempre, los pecados de todos los que ponen su fe en ella, de modo que, habiendo sido lavados y justificados por la fe en la obra de Jesucristo, hemos sido reconciliados con Dios para siempre. 

Pablo explica de esta manera cómo opera la justificación en Jesús, diciendo que, ser bautizados por la fe en Él significa que "ustedes fueron sepultados con Cristo, y fueron también resucitados con él, porque creyeron en el poder de Dios, que lo resucitó. Ustedes, en otro tiempo, estaban muertos espiritualmente a causa de sus pecados y por no haberse despojado de su naturaleza pecadora; pero ahora Dios les ha dado vida juntamente con Cristo, en quien nos ha perdonado todos los pecados. Dios anuló el documento de deuda que había contra nosotros y que nos obligaba; lo eliminó clavándolo en la cruz" (Col 2:12-14 DHH). 

Así dice la Palabra de Dios: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él" (Jn 3:36).


(Extracto de Estudio Bíblico del Libro de Marcos, parte XV, Blog "Escudriñemos el Evangelio")



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